La Revista Iberoamericana de Educación es una publicación monográfica cuatrimestral editada por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI)

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OEI - Ediciones - Revista Iberoamericana de Educación - Número 26

Número 26
Sociedad educadora / Sociedade educadora

Mayo - Agosto 2001 / Maio - Agosto 2001

Introducción

Roberto Martínez Santiago

Desde una perspectiva sociológica y en un análisis que integra distintas cronologías, resulta evidente que las relaciones entre sociedad y educación se han regido, a lo largo de la historia del hombre, por criterios de necesidad y funcionalidad. Al menos esto parece válido para las conocidas como sociedades occidentales que, obviamente, incluyen a las occidentalizadas de distintas latitudes geográficas.

Podemos decir, de forma muy simplificada, que ante ciertas «necesidades» sociales, traducidas en demandas educativas, la educación (entendida como subsistema independientemente de su grado de estructuración) se vio impulsada a adecuar su oferta para responder de manera «funcional» a aquellas.

En la etapa en que las sociedades se mantuvieron relativamente aisladas unas de otras, las necesidades educativas se limitaron a la transmisión de saberes propios de la cultura a la que pertenecía el educando. Estos saberes eran un bien común de cada sociedad y podían ser transmitidos por la familia y por otros grupos de pertenencia, sin que hubiese necesidad de establecer mecanismos específicos para esta actividad.

Las crecientes relaciones interculturales plantearon a las sociedades dos problemas que interactuaban. Por una parte, adquirir y difundir entre sus miembros los saberes de otras culturas que resultaban de interés o utilidad para su propia existencia. El segundo consistía en proveer a los miembros más jóvenes, pero también a los adultos, de aquellos elementos simbólicos que reafirmasen su identificación societal frente a la posible influencia o atracción de otras culturas.

En esta etapa aparecen los primeros signos de especialización en la función educadora. Los saberes de otras culturas sólo son accesibles para un número reducido de individuos, que son los únicos con capacidad de realizar su transmisión. La familia y la comunidad no son suficientes (funcionales) para satisfacer las nuevas necesidades educativas.

Desde esta visión, los procesos de conquista y colonización pueden ser entendidos como intentos de suplantación de la identidad cultural de los pueblos dominados por la de los dominadores, que, entre otros métodos, recurrieron a la educación entendida según las necesidades y la funcionalidad que tenía en las sociedades dominadoras.

La universalización de ciertos saberes, que dio origen y sirvió de impulso a la actividad científica, y la aparición de sociedades multiculturales integradoras de los aportes de sociedades diversas, volvió a modificar el panorama de las necesidades sociales y la funcionalidad de la educación.

Se trataba de cumplir con la finalidad de transmitir saberes endógenos y conocimientos adquiridos de otras culturas, al tiempo que se reforzaba la cohesión social preservando el sentido de pertenencia y la identidad cultural.

La dualidad del «subsistema educativo» (familia/comunidad–especialistas) se vio reforzada y contribuyó a profundizar la grieta social entre los que tenían acceso a ciertos conocimientos y los que debían conformarse con los saberes transmitidos de forma tradicional.

En la siguiente etapa se produce un aparente consenso sobre el tipo de conocimientos necesarios y deseables para convivir en sociedad. Este fenómeno, que también puede ser interpretado como la prevalencia de ciertas formas culturales sobre las restantes, se ve favorecido e impulsado por dos circunstancias al menos. En primer lugar, por la intesificación de las relaciones, especialmente las comerciales, entre las distintas sociedades. En segundo término y estrechamente relacionado con el anterior, por la tendencia a la homogeneización cultural que va definiendo sociedades diversas, pero con denominadores comunes arraigados en los «saberes universales».

A los efectos perversos que este proceso ha tenido sobre las identidades culturales de muchas sociedades, debemos contraponer los beneficios evidentes de la extensión de la educación a sectores cada vez más amplios de esas mismas sociedades, y las facilidades que otorga el dominio de aquellos saberes para la mejor comprensión de las otras realidades culturales y para la convivencia según el paradigma social predominante.

El sistema educativo de esa etapa adquiere su máximo grado de especialización, pero, al mismo tiempo y en la búsqueda de su mayor funcionalidad, pasa a ofrecer sólo una parte (la universal) de los saberes que las sociedades requieren. Extrañamente, esta carencia de la educación no es resuelta por ningún otro subsistema social, al menos de forma satisfactoria.

Vemos así que las sociedades evolucionaron desde formas de educación desestructuradas, y por supuesto a-formales, hasta sistemas complejos, especializados y diferenciados orientados a satisfacer las necesidades educativas de una gran mayoría de la población.

En la actualidad parece estar produciéndose la paradoja de que la educación, como transmisora de los saberes necesarios para la vida en sociedad, está volviendo a salir de los sistemas educativos para buscar —y encontrar— canales que no fueron creados necesariamente para esas funciones. Esto significaría que la educación actual no logra ser funcional a las necesidades de la sociedad, o que ésta acepta cierto grado de disfuncionalidad en la atención de sus demandas educativas.

Una tercera posibilidad es que las sociedades hayan decidido redefinir lo que entienden por sistema educativo y esto las esté llevando a reasumir, a través de aquellos nuevos canales, la satisfacción de la parte no cubierta de sus requerimientos.

Así, los medios de comunicación, el mundo empresarial, otras instituciones comunitarias y un incontable número de situaciones y circunstancias de la vida cotidiana, vuelven a formar parte de una red/realidad educativa al margen del ya tradicional sistema educativo.

Las formas en que la sociedad está reasumiendo su responsabilidad sobre la educación y los efectos que ese proceso está teniendo sobre los sistemas educativos nos ha llevado a preguntarnos, y a preguntar a nuestros invitados del presente número, sobre las claves para comprender esta nueva etapa de la evolución social en materia educativa.

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