Los sistemas educativos iberoamericanos asistieron durante la década de los noventa a un conjunto importante de reformas educativas, que pretendieron transformarlos para adaptarlos a las nuevas necesidades sociales, económicas y formativas que se estaban manifestando. Prácticamente todos los países de la Comunidad Iberoamericana emprendieron procesos de reforma, de diferente envergadura y distintos objetivos.

Cuando han pasado más de diez años desde el comienzo de la década, estamos en disposición de lanzar una mirada menos apasionada y más ecuánime sobre los efectos reales que han producido dichas reformas. En unos casos, se presume que han alcanzado una buena parte de sus objetivos, mientras que en otras ocasiones las promesas que hicieron parecen haber tenido poca traducción práctica. Además, sus logros no han estado relacionados solamente con las metas declaradas. Una mirada atenta a las realidades nacionales pone en evidencia la aparición de efectos no deseados, e incluso perversos. Desde la perspectiva actual, merece la pena interrogarse acerca de cuáles han sido los efectos reales de las reformas emprendidas, tanto de los previstos como de los imprevistos, de los beneficiosos como de los perversos. Y también preguntarse especialmente por las valoraciones, evaluaciones y análisis que de dichas reformas se han hecho, para asentar nuestro juicio sobre las bases más sólidas posibles.

Publicado: 2001-09-01